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diumenge, 5 de juny de 2011

WEBLEY SERVICE MARKII

Sobre la mesa tengo una magnífica carabina inglesa cuyo modelo sirvió para entreno del ejército de su majestad. Es magnífica por ser lo que es, pero no por su excelente estado, pues si bien está mecánicamente bastante bien, no conserva casi nada de su pavonado. O sea que su tez expresa los abusos de manoseo a que ha estado expuesta en su ya larga vida.







Es de mi amigo Joan, que una vez más se ha pasado para enseñarme la novedad, pero yo me he ofrecido a mejorarle un par de aspectos y con una confianza digna de elogio me la ha dejado para “cuando tenga tiempo”.
Esta carabina es del calibre 5.5 (.22), pero hay que decir que este modelo tiene la facilidad de cambio de calibre mediante el sencillo sistema, que se ve en la foto, tan simple como pulsar el botón señalado y tirar del cañón hacia delante. Para poner otro simplemente es actuar a la inversa.




Las dos pequeñas deficiencias que presenta el arma son, una de funcionamiento: A veces al montarla no engancha el seguro de cañón quebrado. Y la otra es estética (que influiría funcionalmente también, en caso de un hipotético uso, que no tiene pinta de darse): Tiene el alza incompleta faltando la ruedecilla de ajuste e incluso la misma pieza que tiene el corte de apuntar y es movible arriba y abajo. Esta lámina ha sido sustituida por una bastante chapucera, hecha de aluminio y pintada a rotulador que le sienta como una patada en la boca…
La construcción de estas piezas, la detallo en un post del foro de mecánica Metalafición, por lo que no voy a insistir:
Dispuesto a solucionar el funcionamiento deficiente del diente de seguro de quiebre, aprovecho para enseñar mediante fotos, más que palabras, el despiece de esta viejecita, por si alguien tiene la necesidad de abrir la suya, si es el afortunado poseedor de tal reliquia.


Para empezar, aflojamos el espárrago allen muy corto existente en el frontal que impide que se salga el pasador-eje de basculación. Empujando este hacia un lado lo sacamos y nos quedamos con el cañón en la mano.


Si bien para la reparación no es estrictamente necesario, procedo a separar la culata del hierro. Tras aflojar un tornillo de la contera y ladearla, me permite entrar un destornillador de cierto tamaño que uso para aflojar el tornillo existente que fija la culata. 


Y así nos quedamos con la culata separada.


 Quitando el tornillo delantero (con tornillo asegurador) y el transversal trasero, se separa el módulo de disparo que por simple no deja de ser efectivo.




Para abrir el departamento de presión, hay que desenroscar la parte posterior (que corresponde a la anterior según observamos la carabina armada) mediante un trozo de pletina de acero que encaja más o menos en el hueco donde se aloja el sistema de basculación del cañón. Fue muy fácil desenroscar. No estaba apretado fuertemente, pues como el eje de baculación impide que se desenrosque, no es necesario.


Hay que decir, que el muelle no ejerce mucha presión y se puede, simplemente a mano, desmontar y volver a montar, sin necesidad de sistema mecánico de compresión alguno. En las siguientes fotos se puede ver todo el piecerío esparcido sobre la mesa. Es muy simple y robusto,




Y confirma esta aseveración, el pistón, que no posee el típico “sello” o “cuero”… Se consigue la estanqueidad mediante un segmento o aro metálico como en los pistones de los motores.


Al observar el pistón, se aprecia que el rebaje o entalla que posee para la retención de este por parte del diente del seguro de amartillado, presenta un estado de un cierto desgaste. Para devolverle el perfil original (un pelín más retrasado, claro) actúo con una máquina tipo Dremel provista de disco de corte con todo el cuidado de que soy capaz y logro el objetivo sin provocar una desgracia, cosa no siempre factible. Algunas veces hay suerte…


Pero el malfuncionamiento, no venia dado solamente por este desgaste… El propio diente en su día, fue “fijado” mediante un pasador de fortuna procedente de un clavo de diámetro excesivamente pequeño y tenía unas holguras excesivas que propiciaban que algunas veces se le zafara el pistón impulsado por el muelle en tensión, con el consiguiente peligro.




En la imagen siguiente, se pueden apreciar junto al citado diente, los pasadores y muelles que venían en el arma y que puse en sustitución. No hay color, claro.


Bien, para armar de nuevo todo, no hubo  problema. Los mismos pasos a la inversa y ninguna complicación apreciable. Hay que reconocer que es un arma antigua, de una apariencia poco corriente, pero de unas soluciones mecánicas ingeniosas y bien conseguidas.