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dilluns, 13 de juliol de 2009

RESTAURACION ESTRELLA SYMBA




Ha llegado a mis manos una curiosa carabina española de clara inspiración Webley que se fabricó allá por los años de posguerra civil.
Como no podía ser menos, el gran conocedor y coleccionista de armas de aire Ibense (José Manuel), tiene una en su harén. Como buen estudioso que es, incluso en su página, reproduce un folleto de la época:
http://www.terra.es/personal3/africatwin/symba.html

Y aquí llega mi perplejidad, pues se conoce como Estrella Symba tal como aparece en el opúsculo publicitario, pero la mía, da la impresión que las letras estampadas son SYN-BA










No conozco más fotos de la de José Manuel que las de su página, pero: http://www.telefonica.net/web2/tiro/Symba.pdf , Sergi Mulleras, incluye una imagen de los marcajes y permitiéndome la licencia de “quemarla” con Photoshop, parece que también podría ser marcada con N y guión en lugar de M.









Bueno, esto son apreciaciones antes de empezar a contar la aventura restauradora. Por cierto, la que tengo en mis manos, es la de apertura del puerto de carga automática al accionar la palanca de montar, como la de Sergi, diferente de la de José Manuel. Llegué a esta conclusión por los anclajes vacíos que poseía, porque el cono que actúa de “grifo” en el puerto de transferencia, bien poca cosa me decía…:









Estaba en estado deplorable y alguien había practicado formas de “restauración” poco apropiadas.

El primer paso, fue encontrar el grado de conicidad de la pieza a base de operaciones aritméticas (muy oxidado lo tengo ya) y luego, tras dar la inclinación aproximada a la torreta del torno, proceder a tornear un “mártir” y probar si “bailaba” en el alojamiento. Corrección de torreta, nueva pasada y comprobación… Así hasta llegar a la posición deseada. Con la torreta bien orientada, procedo a cortar un trozo de cuadrado de 50 mm. con la sierra y en el plato de cuatro garras individuales, practico un rebaje cilíndrico en un ángulo que servirá simplemente para poder fijar perfectamente la pieza al plato convencional de tres garras.

Vuelta a la pieza y voy rebajando la otra parte hasta que tengo un cilindro de diámetro adecuado.









Por descontado que la “pared” que queda, que será la biela, la dejo casi a la medida adecuada a lo que “he deducido” debe ser la original por las fotos de la página de Sergi (Gracias, me han servido mucho), sólo quedará al final el acabado redondeado que habrá que hacer a lima. A continuación corto (muy basto por cierto) aproximadamente la biela y procedo a conificar la parte correspondiente















Mediante pruebas, igual que en los ensayos previos, pero ya con los grados conocidos, voy testeando hasta que encaja perfecto y hasta el fondo en el alojamiento. Cortando, roscando y poniendo la arandela y la tuerca (por casualidad estas piezas las había conservado el que chapuceó el cono -¿original?- que vino con el arma), me aseguro que gira a la perfección, sin holguras pero ligero.












Luego vino el trabajo más manual. Mediante limas de graduación decreciente, voy dándole forma a la biela previo taladrado y roscado en el punto preciso (Una vez más, calculado de las fotos encontradas en la red mediante reglas de tres…).

Acto seguido, la biela de enlace, también a base de cálculos estimativos y luego el tornillo. La especie de separador que va roscado a la palanca y que soporta el tornillo de la parte inferior de la biela de conexión, será lo último que haga porqué le daré el grosor que me pidan las otras piezas una vez instaladas en su sitio.















Una foto desde la parte superior, de paso nos muestra el alza que creo es algo diferente a la de las otras carabinas cuyas fotos se ven en la red.












Llegado hasta este punto, es el momento de practicar el agujero del puerto de transferencia… Y no crean que no he estado ratos (al acostarme antes de dormir es un buen momento…) pensando cómo hacerlo para no errar el tiro, que ya me dirán la alegría que me produciría un agujero descentrado tras la ingente tarea realizada. Antes que nada, procedo al despiece total de sus tripas que me permite apreciar que alguien ya le cambió el sello por uno de fabricación casera que, como el muelle, no voy a tocar, pues no pretendo que esta carabina bata records de potencia. Con que saque los balines decentemente es suficiente.

Con la carcasa “limpia”, busco un trozo varilla de acero de diámetro adecuado y le practico a torno una punta roma que marque como un granete el lugar donde taladrar. Lo templo con un soplete llevándolo al rojo y luego rápido al agua. Este punzón es de sólo un par de centímetros. Lo introduzco por el cañón con la punta apoyada en la pieza cónica giratoria del puerto de transferencia y mediante una varilla larga (a modo de baqueta) doy unos golpes enérgicos con un pequeño martillo. A continuación, con dificultad logro introducir este punzón en el puerto de transferencia al fondo de la cámara de compresión. Con un macizo redondo de tamaño adecuado para que entre en la cámara, usándolo a modo de martillo, doy unos golpes para marcar el granetazo por el otro lado. Hay que decir que todo esto lo hago con el arma “cerrada”, o sea con el “grifo” en posición de disparo para que el agujero siga la dirección del cañón.

Desmontando la pieza compruebo que los granetazos están bien marcados y procedo a perforar. Lo hago por los dos lados, mitad y mitad, con broca más chica de lo necesario y así logro que los agujeros “se encuentren” en el centro. Una broca algo mayor, ya pasa de lado a lado y endereza la poca desviación que tenían los agujeros practicados dejándolo todo unificado, pero de tamaño inferior a lo deseado, para permitir un acabado cuidadoso. Con un escariador cónico y mucho cuidado voy agrandando el agujero en el sentido del disparo, para que la parte de mayor diámetro sea por la que se introduce el proyectil. Probando cada tanto con un balín de marca reputada, voy controlando la profundidad hasta donde se cuela. Cuando un balín recién sacado de la caja pasa de la mitad por su cuenta, pero no acaba de colarse ni sacudiendo la pieza, considero que está en su punto y paro.

Con esto ya concluido, sólo me queda el pavonado de todas las piezas. La complicación es darle un pavón de tres al cuarto que de el camelo con respecto a la antigüedad. El pavón negro-azulado que se consigue con el baño en caliente, quedaría un poco “cantón” y recordando que para un buen pavón la temperatura de ebullición de la “sopa” debe andar por los 140 y pocos grados y que si no es así queda un color parduzco poco agradable… Pero en este caso me conviene esto. Agrego un poco más de agua de la cuenta para no llegar ni siquiera a los 140 y con tanteos de pocos minutos voy comprobando el oscurecimiento hasta que el acero toma un color “ala de mosca cojonera marrón”. Aquí paro, lavo a chorro, pongo agua en un recipiente y con las piezas dentro le doy un hervor. Repito el proceso cambiando el agua y tras una generosa aceitada, considero que me acerco alo deseado. Pero acto seguido, con lana de acero froto enérgicamente hasta desleír un poco el acabado negro que aún amarronado, era demasiado “perfecto”.















Bueno, la verdad es que ha quedado bien para ser hecho por un aficionado!!!

(Esta es la frase maldita que muchos habremos oído de algún familiar o amigo energúmeno cuando le hemos enseñado orgullosos una “obra” de bricolaje que con toda la ilusión hemos perpetrado…) Para no llevarme el disgusto, ya la digo yo!!!

Tras armarlo todo bien aceitadito, las pruebas de tiro me dicen que si, que funciona bien y que para los años que tiene no hay que pedirle más. Es una preciosa arma para guardar como testimonio de una armería de viento que en España no se quedó corta. Cualquier día de estos el amigo Joan pasará a buscarla para archivarla junto a una infinidad de muestras nacionales y extranjeras del buen hacer armero eólico… y yo dejaré de poder acariciarla, pero se que está en buenas manos.


divendres, 3 de juliol de 2009

HW25, JUGUETE ROTO


Nunca mejor dicho. Un amigo coleccionista y “trapicheante” de armas de aire comprimido me ha pasado esta linda carabina alemana. Es como un juguete, pequeña, ligera, manejable por cualquier júnior o dama… De hecho es la que usa la mujer del susodicho para sus prácticas. Pero hete aquí que efectivamente está rota… Se ve que al ir a montar, sin más, se “cayó” el cañón y el muelle no ofreció la más mínima resistencia…




En la mesa de operaciones, compruebo que tiene unas soluciones mecánicas muy parecidas a sus hermanas mayores, pero a escala, lógicamente. El gatillo es de accionamiento directo y simple, y sólo tiene un truquillo para similar los dos tiempos, que consiste en que la cola del disparador es una pieza aparte de la que propiamente engancha el pistón y va fijada a esta por medio de un pasador y tiene un ojal que permite un cierto movimiento antes de accionar la pieza-enganche interior. Empujando lateralmente un pasador se quita fácilmente el gatillo y su muelle. El bloque trasero que alberga el propio gatillo, contiene el sistema de seguro y actúa de tapón de la recámara conteniendo el empuje del muelle, va sujeto con un tornillo en la parte inferior, pero (emulando a sus familiares mayores) también tiene dos cuadradillos encajados en los agujeros cuadrados que posee en los laterales el cuerpo del arma y en los rebajes de igual forma que tiene el bloque citado. Un sistema ingenioso y eficaz, pero no excesivamente fácil de liberar. Hay que vencer un poco la fuerza del muelle empujando contra la mesa y al mismo tiempo con una aguja grande o punzón apropiado hacer saltar los cuadradillos.


Cuando la tengo abierta, quito el muelle y al empujar el pistón con un destornillador, noto que el vástago interior de este, que actúa de enganche, no sigue al resto del pistón. Aquí tenemos el problema. Quito las dos piezas en que se ha convertido el pistón y luego con dificultad logro que salga el sello que se había quedado entretenido dentro de la cámara de compresión…Y es que se rompió el reborde que debe mantenerlo solidario al pistón… Pero ¿será posible? El sello es de teflón. Jamás vi, de origen, uno de teflón, por lo tanto supongo que alguien lo habrá fabricado ante la dificultad de encontrar uno original, pues la carabinita no es de uso corriente en nuestro país.
Un examen del desaguisado me reafirma en la creencia que “alguien” ya manipuló la joyita. Las piezas que componen el pistón (tubo, vástago retenedor y el “tapón” delantero que lo unifica) podría ser que estuvieran entradas a presión simplemente, de origen, pero ahora se ve que tienen un pasador (roto) que las fija. Me hace sospechar esto el hecho de que el pasador no está bien alineado y podría ser que el “alguien” que se lo encontró todo desarmado optase por taladrar y poner un pasador. Una buena solución si se ejecuta correctamente, pero en este caso deja mucho que desear… Como dije el taladro está desviado, es de 2.5 mm. y el pasador que se puso es simplemente un clavo, si un clavo de los de clavar en la madera… Descabezado, por descontado, pero se nota que lo es por esas marcas laterales que suelen tener cerca de la cabeza y que en este caso son bien evidentes. Bien esto explica que se haya roto: En primer lugar, no es un acero adecuado para actuar de pasador y segundo, el diámetro de este clavo es algo más pequeño que el agujero de 2.5 mm. Así malamente podría fijar unas piezas sometidas a sacudidas a cada tiro efectuado.

Puestos a arreglar el desaguisado, monto y alineo bien las piezas y procedo a retaladrar con broca de 3 mm. el agujero que por el bailoteo del pasador inadecuado había quedado deformado. De una varilla especial de acero para pasadores, corto una porción ligeramente mayor que el diámetro del pistón, la introduzco (este si entra ajustado) y procedo a remacharlo un poco por ambos lados, una limadita para igualarlo a la superficie y luego en el torno a buena velocidad una lijado para dejarlo curioso.

Conseguir un sello intuyo que será complicado… Busco en Internet por si encuentro alguna pista y no aparece nada, en España, se entiende. Recurro a la página de Sermasports y encuentro que tiene el despiece. Es buena señal, pero al intentar encontrar la pieza en la lista correspondiente, no logro vislumbrarla… Me digo: Si hay despiece, puede que haya pieza… Vamos a molestar a Servando a ver si lo tiene. Teléfono al canto y me contesta al acto. Inquiero sobre el sello en cuestión y de entrada me dice que cree que no lo tiene, pero con la amabilidad característica, tira de listados de piezas y busca equivalencias, por si el sello es el mismo que el de alguna otra carabina y lo tiene por ahí archivado con una referencia diferente a la del despiece… Pues, no, no hay suerte… Y es que ya me habría extrañado a mi que fuera igual que alguno de otra carabina… Es tan pequeño, tiene sólo 22 milímetros de diámetro, que no creo que haya otra HW de tales dimensiones. Servando se ofrece a pedírmelo a Alemania, pero por descontado que tardará un tiempo. Dudo un momento, pero acto seguido decido que me lo voy a fabricar y agradezco su ofrecimiento, pero quedamos en que si no triunfo en el intento, le pediré socorro, para que me pida uno original.




En cuando dispongo de tiempo, procedo a buscar una barra de poliuretano y la fijo al plato del torno. Mecanizo el asiento que encaja en el pistón y lo corto a tamaño algo mayor de lo deseado. A continuación lo monto en el pistón, con una gota de cola de contacto, para que no gire al mecanizar. Con muchas revoluciones y una herramienta afilada y asentada con piedra al aceite para que corte como una navaja, le doy la forma exacta para que deslice y selle bien. Lo torneo algo cónico para que sólo el labio roce la cámara y luego con una herramienta amolada ex profeso le marco una ranura frontal cerca del borde, para que la propia presión ejercida al trabajar, coadyuve a ajustar el labio contra la pared de la cámara.





Volver a montar todo, es tarea fácil. Pongo grasa tipo miel en el muelle y una pizca de grasa corriente en el lateral del sello para que deslice bien desde el primer momento, comprimo a mano (no es muy potente el muelle) y pongo el tornillo. A continuación, antes de fijarlo definitivamente, inserto los cuadradillos que son los que dan la posición exacta. Aprieto el tornillo a fondo, coloco el disparador, su pasador y su muelle y ya está la mecánica a punto. Mediante dos tornillos fijo la culata y a punto para comprobar como ruge.

Y efectivamente lo compruebo, rugir ruge poco. Tiene un estampido contenido y en retroceso casi imperceptible. Con balines JSB Match hago una serie de tiros a 10 metros y me quedo sorprendido de la agrupación que consigo. Sin tenerle tomada la mano, sin conocer el gatillo (que no es de competición precisamente), con el poco peso que tiene y sin ningún aditamento de tiro (mi vista ya no da para mucho y para miras abiertas necesito gafas de tiro), consigo una agrupación de un par de centímetros de centro a centro. No está nada mal.

La explicación es bien sencilla: Su poca potencia. Para comprobarlo dispongo el Chrony y hago unos tiros… Efectivamente, no llega a los 170 metros por segundo, pero quizás con el rodaje del sello gana un pelín. Pero aquí salta mi sorpresa: TIENE UNA REGULARIDAD PRODIGIOSA. No hay, entre tiro y tiro, una diferencia superior a un metro por segundo. Supongo que a menor potencia, más probable es que se mantenga la constancia en la potencia, pero de todos modos, seguro que influye positivamente en las prestaciones el magnífico acabado de todas las piezas, que siendo más sencillas que en los modelos superiores, no dejan de tener unos ajustes muy esmerados.

Pues, nada, que el amigo Chema ya tiene a punto el juguete, para que su media naranja le acompañe en las sesiones de tiro.