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diumenge, 5 de juny del 2011

WEBLEY SERVICE MARKII

Sobre la mesa tengo una magnífica carabina inglesa cuyo modelo sirvió para entreno del ejército de su majestad. Es magnífica por ser lo que es, pero no por su excelente estado, pues si bien está mecánicamente bastante bien, no conserva casi nada de su pavonado. O sea que su tez expresa los abusos de manoseo a que ha estado expuesta en su ya larga vida.







Es de mi amigo Joan, que una vez más se ha pasado para enseñarme la novedad, pero yo me he ofrecido a mejorarle un par de aspectos y con una confianza digna de elogio me la ha dejado para “cuando tenga tiempo”.
Esta carabina es del calibre 5.5 (.22), pero hay que decir que este modelo tiene la facilidad de cambio de calibre mediante el sencillo sistema, que se ve en la foto, tan simple como pulsar el botón señalado y tirar del cañón hacia delante. Para poner otro simplemente es actuar a la inversa.




Las dos pequeñas deficiencias que presenta el arma son, una de funcionamiento: A veces al montarla no engancha el seguro de cañón quebrado. Y la otra es estética (que influiría funcionalmente también, en caso de un hipotético uso, que no tiene pinta de darse): Tiene el alza incompleta faltando la ruedecilla de ajuste e incluso la misma pieza que tiene el corte de apuntar y es movible arriba y abajo. Esta lámina ha sido sustituida por una bastante chapucera, hecha de aluminio y pintada a rotulador que le sienta como una patada en la boca…
La construcción de estas piezas, la detallo en un post del foro de mecánica Metalafición, por lo que no voy a insistir:
Dispuesto a solucionar el funcionamiento deficiente del diente de seguro de quiebre, aprovecho para enseñar mediante fotos, más que palabras, el despiece de esta viejecita, por si alguien tiene la necesidad de abrir la suya, si es el afortunado poseedor de tal reliquia.


Para empezar, aflojamos el espárrago allen muy corto existente en el frontal que impide que se salga el pasador-eje de basculación. Empujando este hacia un lado lo sacamos y nos quedamos con el cañón en la mano.


Si bien para la reparación no es estrictamente necesario, procedo a separar la culata del hierro. Tras aflojar un tornillo de la contera y ladearla, me permite entrar un destornillador de cierto tamaño que uso para aflojar el tornillo existente que fija la culata. 


Y así nos quedamos con la culata separada.


 Quitando el tornillo delantero (con tornillo asegurador) y el transversal trasero, se separa el módulo de disparo que por simple no deja de ser efectivo.




Para abrir el departamento de presión, hay que desenroscar la parte posterior (que corresponde a la anterior según observamos la carabina armada) mediante un trozo de pletina de acero que encaja más o menos en el hueco donde se aloja el sistema de basculación del cañón. Fue muy fácil desenroscar. No estaba apretado fuertemente, pues como el eje de baculación impide que se desenrosque, no es necesario.


Hay que decir, que el muelle no ejerce mucha presión y se puede, simplemente a mano, desmontar y volver a montar, sin necesidad de sistema mecánico de compresión alguno. En las siguientes fotos se puede ver todo el piecerío esparcido sobre la mesa. Es muy simple y robusto,




Y confirma esta aseveración, el pistón, que no posee el típico “sello” o “cuero”… Se consigue la estanqueidad mediante un segmento o aro metálico como en los pistones de los motores.


Al observar el pistón, se aprecia que el rebaje o entalla que posee para la retención de este por parte del diente del seguro de amartillado, presenta un estado de un cierto desgaste. Para devolverle el perfil original (un pelín más retrasado, claro) actúo con una máquina tipo Dremel provista de disco de corte con todo el cuidado de que soy capaz y logro el objetivo sin provocar una desgracia, cosa no siempre factible. Algunas veces hay suerte…


Pero el malfuncionamiento, no venia dado solamente por este desgaste… El propio diente en su día, fue “fijado” mediante un pasador de fortuna procedente de un clavo de diámetro excesivamente pequeño y tenía unas holguras excesivas que propiciaban que algunas veces se le zafara el pistón impulsado por el muelle en tensión, con el consiguiente peligro.




En la imagen siguiente, se pueden apreciar junto al citado diente, los pasadores y muelles que venían en el arma y que puse en sustitución. No hay color, claro.


Bien, para armar de nuevo todo, no hubo  problema. Los mismos pasos a la inversa y ninguna complicación apreciable. Hay que reconocer que es un arma antigua, de una apariencia poco corriente, pero de unas soluciones mecánicas ingeniosas y bien conseguidas. 


diumenge, 31 d’octubre del 2010

J. FAISTAUER IN LOFER

Cuando uno admira un objeto de hace siglos, a poco sensible que sea, se siente impresionado.


Hace ya muchos meses, mi amigo Joan, adquirió un arma de aire que raudo procedió a enseñarme. Cuando me vio entusiasmado, admirándola entre mis manos, sugirió la posibilidad de que me la quedara para “mirármela”... Los dos sabemos lo que significa eso de mirármela. Y yo, conociéndome, rehusé tal oferta, con excusas, para eludir la responsabilidad de meter mano a una pieza de esta antigüedad.


Quisiera tener dotes de investigador (y tiempo), para averiguar la procedencia y utilidad de dicha joya.


En cuanto a lo primero, algo se sabe con solo mirarla: J. Faistauer in Lofer. O sea que un señor apellidado Faistauer que vivía en Lofer, un enclave rural de los Alpes, cerca de Salzburgo, en Austria, parece ser que fue el armero que la hizo. Pero seria interesante saber más...





En cuanto a lo de su utilidad, no puedo más que imaginármela. Dado que la presión de aire se consigue mediante un fuelle, (accionado  por un muelle), alojado en la culata y de capacidad muy limitada, se deduce que el “soplido” capaz de impeler el proyectil debía ser más que modesto... Por lo tanto, debía ser ligero a pesar de que sus casi 9 milímetros de diámetro pudieran albergar una bala de peso considerable, totalmente imposible de mover. ¿Se usarían una especie de dardos emplumados?... Probablemente.
Por lo tanto, pensemos que era un arma para ocio, para “hacer puntería” en familia o entre amigos en interiores o jardines.
Y por descontado que quienes podían hacer esto serían gentes acaudaladas, que por otra parte explica que armeros de prestigio “perdieran el tiempo” fabricando unos mecanismos complicados y que adornaran el exterior con florituras de latón encastadas en la madera.





Lo que parece extraño es que además de punto de mira y alza (graduable) de buena factura y perfil muy fino (como si se tratara de conseguir gran precisión), llevara además (presumible por la base que aún existe, pero desaparecido actualmente) un dióptero que podría ser destinado para tirar a larga distancia con resultados considerables. (Es el sistema de puntería más preciso si no entramos en adminículos asistidos por óptica).


Total, que si su origen no es muy claro, su utilidad, es toda una incógnita para mí...
Muchos meses después Joan, no pudo resistir la tentación. Me comentó que el sistema que alguien había hecho para sustituir la coz de la cureña original, perdida se supone, no le convencía. (Perdonen la cursilada, pero es que uno ante reliquias como esta le asalta la tentación de hablar con propiedad, pues la cureña es lo que ahora conocemos como culata y la coz, es la cantonera o remate de esta...). Comentó también, así como el que no quiere la cosa, que había perdido la especie de llave que le hice a toda prisa el día que me la enseñó, que le permitía de mala manera montar el sistema de fuelle para, mal que bien, hacer un disparo.


Y efectivamente, donde debía existir una cantonera quizás metálica, ante su falta, alguien aplicó una madera plana sujeta con dos tornillos por una parte y una especie de gancho practicado en el ornamento de latón (también hecho posteriormente), por la otra.





Me decía mi compañero de pasión, que ante las ganas de enseñar el curioso mecanismo de fuelle a amigos y conocidos se encontraba con la dificultad de desenroscar los tornillos y que quería un sistema de portezuela con gozne que permitiera abrirla y cerrarla con facilidad.


Lógicamente, le dije que bueno. Que me la acercara y lo estudiaríamos. Al poco vino, lo comentamos y pareció un trabajo asequible. Me dejó el arma con la condición de que la espera sería larga pues dentro de pocos días yo entraba en quirófano para una operación de prótesis de una cierta importancia. El hombre paciente y confiado me dijo que vale. Tras largos meses, ya recuperado y un poco por vergüenza, decidí meterme en el embrollo (intuía que lo sería).


No soy partidario de “restaurar” demasiado. O sea, que procuro conservar lo que hay y no hacer cosas muy “postizas”. Pero como este arma ya tenía algunas piezas que alguien había hecho y se notaban a la legua, me propuse sustituir o manipular sólo estas y respetar totalmente lo original.

 



En la parte inferior de la culata, había un ornamento de latón, de no muy cuidada factura, que sustituía (supongo) el original y que servía para ocultar los mecanismos. Decidí replicar esta pieza (no mejor hecha, por cierto), pero de modo que tuviera un apéndice saliente que se tornara bisagra que permitiera la apertura. Así podía eliminar los dos tornillos que fijaban la tapa y la pieza similar que en la parte superior la aguantaba, mediante un pliegue, se convertiría en la fijación por clic del sistema.





Esto me llevó un cierto trabajo con herramientas no muy adecuadas, pero creo que conseguí el objetivo.











El hecho de que mi amigo hubiera perdido la llave para montar el mecanismo me obligaba moralmente a hacerle otra. Puestos a hacer algo más digno, busqué por internet algún arma parecida para ver como era la manivela que debía hacer las funciones. Tampoco es que fuera fácil, pero algo encontré.

Total, que me dibujé una plantilla en cartulina que me sirvió para cortar mediante caladora y radial una plancha de 3 milímetros. En una parte soldé un trozo de tubo redondo que por un extremo había forjado a cuadrado del tamaño adecuado. Un pomo de madera de roble hecha a torno con su correspondiente eje debidamente remachado, en la parte contraria, convirtieron el engendro en una manivela adecuada para montar el muelle que acciona el fuelle de pergamino que va en el interior de la culata.













Con la manivela hecha, ya pude montar el mecanismo. Bueno es un decir… A duras penas y tras ímprobos intentos, agarró el diente retenedor y manipulando el disparador (o lo que creía era el disparador), se soltó el muelle y se oyó un fufff… consistente, pero nada parecido a una carabina de hoy en día.


Ante mi estupor y confirmando mis temores desde que acepté el encargo, no pude volver a montar el sistema de nuevo. Me lo temía, me lo temía…


¿Qué hacer ante tal situación?


No podía retornar el arma a su dueño, entregarle la manivela y decirle: Mira aquí lo tienes todo, pero no funciona.


Por lo tanto, me puse manos a la obra y empecé desmontando todo el sistema de muelle. Lo que es el fuelle como no era necesario, no lo toqué para nada, no fuera a desgarrarlo pues debe ser algo delicado e insustituible.

Unas piezas harto rústicas, labradas con medios rudimentarios de la época:





Analizando el funcionamiento a la vez que lo desarmaba, intuí que el problema era doble. Por un lado faltaba un tornillo en el eje principal (centro foto siguiente) que no permitía que este se desplazara  y perdiera apoyo en uno de los laterales y quedara trabado e imposible de montar el sistema. Por otro, de menor gravedad, faltaba una chaveta (chaveta partida de las que se doblan las puntas) que asegurara  el pasador que se ve en la parte inferior de la foto:

Repuse los dos elementos, uno imprescindible y el otro para asegurar el no perder el pasador en la ocasión menos pensada.


En la siguiente foto se puede apreciar bastante bien el fuelle de pergamino:





Bueno, volver a montar todo no fue tarea fácil, pero tampoco imposible. Con tesón y paciencia quedó en perfecto orden.


Con la ilusión de un chaval con zapatos nuevos, marca “Gorila”, (con los que daban una pelotita de goma verde de regalo) -perdonen el inciso los que no han vivido aún medio siglo- procedí a montar el sistema.


Funcionó. Presioné el “disparador” y nada. Insistí desesperadamente varias veces y nada. De pronto: Ploff!!!. Soltó el soplido.


Me quedé algo mosca. Volví a armar y de nuevo que no disparaba. En uno de los intentos, presioné el gatillo y lo dejé escapar violentamente…Ploff!!!


Caray, cosa mas rara… Así repetí varias veces y soltando violentamente el disparador, disparaba (valga la redundancia)… O sea que era como que funcionaba al revés¿?¿?
Ante tamaño dilema, no tuve otra alternativa que seguir desmontando:

El sistema de disparo en mis manos. Se puede ver a la derecha, dentro de la madera la punta de la varilla que comunica el sistema de disparo a la parte trasera de la culata, donde un diente retiene en posición de montado el muelle que acciona el fuelle. Esta varilla va encajada en el apéndice que queda cerca de ella que sobresale del “casette” de disparo.
Con esta pieza en mis manos estuve intentando averiguar su funcionamiento. Y mi cara debía ser un poema… No entendía nada. Al presionar el gatillo, se montaba el sistema de modo que el muelle de lámina que se ve en primer término quedaba tenso… En lugar de soltar “algo”, trababa un muelle. Inaudito. No salía de mi asombro.
Como suelo hacer, “aparqué” las piezas hasta que me llegara la inspiración.
Cuando estaba buscando información en Internet para hacer la manivela de carga, encontré y guardé en el ordenador unas imágenes (de varias armas de este estilo, tres concretamente).

Observándolas y casi por casualidad di con lo que me llevaría a la solución: Todas tenían un pinganillo recto y finísimo por delante del gatillo. Y entre estos dos, había un tornillo en todas!!!!
¿Qué podía ser el tornillo? Un tornillo de ajuste de la sensibilidad del disparador. ¿Y que sería el alambre finito ese de la parte delantera?... ¡Tate! Ahí se me iluminó la bombilla…. UN DISPARADOR CON PELO!!!!!!!!
Acto seguido tomé el casette de “nuestra” carabina y ¡Oh! ¡Sorpresa!,. Además del consabido tornillo de regulación, tenía un agujero rectangular en donde más o menos las armas de las fotos tenían el apéndice largo y delgado.
Rápidamente deduje que tenía ante mis ojos un sistema de “doble disparador”, también conocido como “disparador con pelo o al pelo o de pelo, que de todas formas lo he oído llamar”. O sea, un dispositivo que se montaba con lo que yo creía que era el gatillo y que se disparaba con el palito desaparecido. Por lo tanto, había que desmontar todo para ver o intuir que forma debía tener la pieza que era verdaderamente la cola de disparador. Manos a la obra pues:







Y esta es la pieza. Por suerte existía, en principio pensé que habría que inventársela porqué alguien habría abierto el casette y la habría “perdido”, pero no… Por los restos que se ven, había intentado soldarle la cola.No puedo negar que se me presentó una tarea ardua. Había que replicar la pieza que es de unas medidas exiguas que requerirían habilidad de joyero. Busqué un retal que sabía que me quedaba por algún rincón, de una plancha de acero que en un momento dado adquirí en una fábrica de resortes para otro trabajo. El primer problema fue que el grosor era mayor y tuve que rebajarlo. Luego cortar la forma aproximada mediante radial y a continuación a lima dar la forma adecuada. Como el cuerpo de la pieza original era muy fino, demasiado, a mi modo de ver, lo dejé más ancho y luego mediante pruebas, fui rebajándolo de a poco para conservar la mayor resistencia posible. La parte donde forzosamente debía ser muy fina resultó ser la punta donde apoya el tornillo regulador externo que no tiene mayor importancia para lograr resistencia máxima de la pieza. Por lo tanto, la parte donde sale la cola de disparo, la dejé todo lo robusta posible para minimizar la posibilidad de que se rompiera al accionar el mecanismo.

Dada su endeblez, había que darle resistencia y flexibilidad… Procedí pues al templado y luego revenido… (No se lo digan a nadie, pero tuve que repetir el trabajo de chino dos veces, pues el primer ejemplar me quedó quebradizo como un cristal y ante la prueba de rigor se me partió).
Una de las dificultades con la que tropecé es que el agujero de la pieza en cuestión es minúsculo: 0,8 de milímetro. Para practicarlo tuve que valerme de una Dremel y buen pulso.
Una vez montado todo, se puede apreciar el funcionamiento en este video:


La palanca superior que sale despedida hacia atrás, es la que encaja en la varilla que transmite la orden a la parte trasera de la culata y que desengancha el diente que retiene el muelle del fuelle en tensión.
Hay que reconocer que es inaudito para nosotros que vivimos en una sociedad de usar y tirar, que la hora-operario es carísima, que no podemos emplear esfuerzos en vano en nada, que alguien se haya “matado” pergeñando casi a mano unos mecanismos tan ingeniosos y complejos para un arma que presumiblemente servía solo para “pasar el rato”. Desde luego que quien pasaba el rato debía ser gente pudiente…
Una vez puesto todo en su sitio, se puede revivir las sensaciones de disparar un arma tan singular. Pero, desengañémonos, es un arma para exponer y admirar:


Una pena no ser propietario de ella, pero el honor de “manosearla”, no es un privilegio menor. Gracias Joan.

divendres, 6 d’agost del 2010

COMETA DE CAÑÓN FIJO

En el ya largo tiempo que llevo pululando por los foros de armas de aire comprimido, cantidad de veces se ha hablado de la falta de una carabina Cometa de cañón fijo de unas prestaciones y calidad parecidas a la Fénix o más recientemente a la Fusión que no deja de ser lo mismo pero con un reestiling bastante acertado.

A tal punto llegó el tema en un par de los foros habituales, que a un participante en cuanto “abría la boca”, ya alguien se pitorreaba con lo de “cañón fijo”. Si bien había pensado en ello, no tenía un diseño claro, pero en un momento dado se me ocurrió bravuconear que “yo” me haría una Cometa de estas características.

Un poco por cumplir y un poco porque me gustaba el reto, me puse a pensar seriamente en el proyecto. De entrada tuve claro que puestos a diseñar una carabina de cañón fijo que mantuviera si no aumentara el prestigio de Cometa, habría que ir pensando en emular las Air Arms o HW de este sistema… Pero este no era mi caso.

Yo no tengo medios para pensar en una carabina de concepción enteramente nueva ni mucho menos. Y no soy empleado de Cometa (Ni conozco la fábrica, siquiera). Ni nadie me ha encargado tamaño trabajo. Sólo a modo de divertimento pretendo “reconvertir” una Fénix en una de cañón fijo, pero precisamente me interesa que se reconozca a la citada carabina. O sea, que transformando algunas piezas, pero conservando la cámara y todos sus mecanismos de origen, fijándole su propio cañón, reformando algo su culata, etc., lograr algo que siga disparando, y si es posible, aún mejor. Como, a mi modo de ver, las Fénix adolecen de falta de peso y quedan un poco saltarinas, añadiendo hierro seguro que se consigue mayor estabilidad.

Pero puestos a pensar en el sistema de introducción del proyectil se suscitan las primeras dudas. Para mantener o mejorar las prestaciones de un arma como esta debería pensar en un sistema que no aumentara el espacio muerto entre el pistón en su posición avanzada (en reposo) y la cola del balín. Esto se consigue y muy bien con el sistema de cámara flotante (HW 77-97, Tx200, Dianas 48-52-54-56, etc.), pero pensando en conservar la cámara de potencia original, era inasequible. El sistema de bloque descendente (Gamo CF30, por ejemplo) podría ser bueno, pero es complicado de realizar con mis medios. Aún sabiendo que no es el óptimo porque aumente el “volumen muerto”, decido lanzarme por el sistema de robinete, canilla, grifo, o como le llamemos inspirándome en las Diana50, BSA Airsporter, Webley Mark3 o incluso la española Estrella Symba que creo se “inspiró” en esta última…

Dispongo de una Fénix que sirvió de cobaya para cerciorarme de que el puerto de transferencia que llevan de origen es el óptimo… (Bueno, es otra historia, pero solo diré que practiqué una rosca en el puerto de transferencia que me permitía cambiar los pasos de aire enroscando unos espárragos con orificios practicados adrede de diferentes diámetros. El experimento fue muy placentero y me confirmó que los Cardew en su libro estaban en lo cierto). Total, que esta Fénix que ya estaba “desgraciada”, es la víctima propiciatoria para el invento.

El primer paso es cortar las “alas” que forman el basculante y acortar el macizo al máximo, respetando los anclajes delanteros de la culata. Acto seguido, practicar un agujero lo menor posible, teniendo en cuenta que tiene que abarcar el puerto de transferencia y el alojamiento del trinquete que fija el cañón basculante (previamente hay que quitar este). Luego practicar una rosca de un paso fino. En este caso fue una métrica 20/1.

Con el destrozo perpetrado, no hay vuelta atrás… A continuación de un macizo redondo procedo a hacer una pieza de empalme de la cámara con el cañón que será la que sostendrá la canilla que al girar permitirá la introducción y alineamiento con el cañón del proyectil.


En la rosca, en su montaje definitivo, se pondrá sellante neumático, pero además incluyo una junta tórica que al enroscar a fondo queda un poco comprimida entre los planos a los que practico un ligero asentamiento. Así aseguro una estanqueidad total y además me permite durante las pruebas no tener que poner sellante.

Por el otro extremo practico el alojamiento del cañón (el propio de Cometa debidamente maquinado) que se fija con un espárrago por la parte inferior.

Acto seguido agujereo lateralmente i en el mismo centro, el alojamiento del robinete de un diámetro de 12 mm. y que dejo muy prolijo mediante un escariador. Hacer el propio eje, la manija que facilita su giro, la entalla que la fija en su sitio mediante el tornillo pertinente es lo siguiente.

-Señalo aquí que las tóricas que le pongo al citado eje no sirven para nada… Pensé que darían un “toque” suave a la manipulación, pero es trabajo en vano… Lógicamente no mejoran el sellado porqué el aire se escapa por otros sitios si no se trabaja con tolerancias muy pequeñas. Por lo tanto, en el próximo desarrollo que tendré que hacer en pos de conseguir mejores prestaciones (luego lo cuento), no pienso ponerlas.-



Una vez montado queda tal que así:


Y trabaja de este modo:

Obvio es decir que hay que cuidar muy mucho que la alineación con el cañón en su posición de cerrado sea perfecta y luego ir retocando la palanca y su espacio de movilidad para que en la posición extrema de abierto entre el balín sin mayores problemas.

Para conseguir que sea un arma más pesada que la original, además de todo el sistema de montar que ya será macizo a mansalva, pienso que a fin de que quede equilibrada, debe engordar algo de la parte delantera. Procedo a enfundar el cañón, que he acortado previamente, con un tubo al que practico unos agujeros aliviadores que circundan un cono interior que desvía los gases acompañantes del proyectil a unos pocos milímetros (menos de un calibre) de salir de la boca de fuego. Para fijar esta funda practico rosca en ella y en la pieza fabricada anteriormente.

La parte de ensamblaje del cañón para que sea fijo, está resuelta. A continuación hay que pensar en un mecanismo para montar el arma.

La inspiración me llega de ver las tripas de una BSA Airsporter. Intento hacer el injerto sin soldar nada ni eliminar partes del “hierro” de Cometa.

Se me ocurre que la palanca puede accionar sobre una pieza fijada por el mismo tornillo que sujeta el bloque trasero interior al cuerpo y que permite, mediante una roca en su cabeza, fijar la parte trasera de la culata con el tercer tornillo.

La cosa se complica cuando me percato que la pieza que empujará el pistón a su posición más atrasada (arma montada), debe pasar por debajo de esta pieza soporte. Por lo tanto el mecanizado será algo más complejo. A la segunda intentona, consigo la pieza deseada, porque la primera quedó débil y al primer intento de montar el arma se dobló…

El empujador del pistón, se moverá porque la palanca, mediante una biela, tirará de él. Pero claro, esto comporta que debe tener un apoyo en el otro extremo, pero que le permita deslizar fácil. La solución que se me ocurre es este “puente”, que se fija a la pieza de nueva construcción que soporta el cañón fijo al cuerpo y alberga el robinete de carga:

Esta pieza, además soporta el pivote que fijará la palanca en posición de reposo mediante un sistema de pulsador con melle que encaja su “ojal” en él. Este puente, tampoco fue acertado en su primera versión. Tras una serie de acciones de carga, fue cediendo y tuve que proceder a hacerlo de nuevo procurando reforzarlo. Es lo que tiene el trabajo de amateur: Prueba-error y paciencia.

Una vez repetida también la biela, esta vez no por débil, sino porque no tenía la forma idónea y no permitía que todo el mecanismo quedara oculto dentro de la culata, quedó tal que así:
Para que todo este mecanismo entrara en la culata, hubo que modificar esta alargando la ranura por donde entra el cañón quebrado hasta casi el guardamonte. Lo justo para que la palanca pueda hacer todo el recorrido necesario para montar el arma. No negaré que esto debilita la chimaza, pero como sigue con los dos tornillos laterales que la fijan al cuerpo metálico, queda más que aceptable. No creo que la madera de ningún problema de debilidad.

O sea que una vez todo en su sitio, y a falta del pavón que cuando esté satisfecho de su rendimiento procuraré darle, queda así:
Y digo que cuando esté satisfecho… Porque, la verdad, ahora mismo no me convence el resultado.

Soy consciente desde hace mucho tiempo que un arma de muelle y pistón es un compendio de equilibrios y que no se puede cambiar algo sin que pierda éste. Casi siempre, cuando he pensado una mejora, en primera instancia ha sido un fracaso. Luego reconduciendo y reequilibrando a veces he conseguido verdaderas mejoras y… ¡A VECES NO!
Y me refiero mayormente, a las prestaciones en cuanto a potencia, claro.

Es cosa asumida por la gente entendida que el espacio muerto que queda entre el pistón en reposo y la falda del balín debe ser el mínimo posible. Lógicamente, sabía que poniendo el sistema de canilla perdería unos metros por segundo, al aumentar este volumen. A parte de lo leído, esto lo tengo claro porque siendo poseedor de una Diana 50 y una Diana 35, que tienen las tripas idénticas, la primera que tiene este sistema de introducción del proyectil, jamás ha igualado en potencia a la de cañón de quebrar. Y esto partiendo de sellos y muelles nuevos y con montajes (lubricante, etc.) idénticos al haberlos hechos yo mismo.

Sabía que perdería algo, pero no imaginaba que tanto. De los casi 24 julios que se sacan de una Fénix del 5.5, he pasado a escasamente unos 15 julios (¡!!!!¡)

Repasando los errores cometidos, creo que tengo la pista de por donde van los tiros… Los Cardew en su libro The Airgun from Trigger to Target, que es la biblia del aire comprimido, tras prolijas pruebas concluyen:

De estos experimentos llegamos a la conclusión de que en el momento del disparo la
cola del proyectil debe primero calzar contra el extremo del cañón y entonces, a medida que
la presión sube la falda colapsa hasta tener el mismo diámetro que el orificio, momento en
que se libera y acelera con máxima presión detrás.


Pues me temo que esto no sucede en mi caso. Cuando mecanicé el agujero que debe contener el balín, en la canilla, primero perforé desde el puerto de transferencia y con esta en su posición de cerrado, con broca de 3 milímetros que luego ya a parte, fuera de su alojamiento, fui agrandando progresivamente, hasta conseguir mediante escariador cónico, que el proyectil pasara justo por su parte angosta (hacia el cañón) y así entrara bien en su alojamiento por el otro lado que era mayor. Y la verdad es que no entra muy fácil, porqué la conicidad lograda es muy pequeña i poca la diferencia de diámetro entre la entrada y la salida. Esto supongo que provoca que el proyectil quede en mitad de esos 12 milímetros “suelto” pero ni siquiera selle. Así no obtura bien y no se logra el pico de presión necesaria.

Las próximas pruebas, irán encaminadas a hacer una pieza nueva con agujero más cónico (no tengo claro la forma de hacerlo aún, pero algo se me ocurrirá…) para que se pueda arrojar (que no introducir, por decirlo gráficamente) el balín dentro de la canilla, pero que no pueda salir fácilmente por la parte delantera… Que ajuste bien, pero sin pasarse, claro, que luego igual no agarra las estrías y pierde precisión… O sea que quizás sea necesario más de un intento!!!

Ni que decir tiene que tendré mucho cuidado que el ajuste de la canilla en el agujero sea el correcto para que no fugue aire… El cañón, además de fijado con un espárrago, lo dejo estanco poniéndole sellante neumático al introducirlo… Veremos si mejoramos en el desempeño.

Pues, nada, esta vez he presentado una realización inacabada. Pero es que llevo mucho tiempo sin añadir nada en este blog a pesar de haber trasteado siempre en la medida que el trabajo (y la salud) me lo ha permitido, pero no siempre lo hecho es digno de exposición, por ser simple y cotidiano…