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diumenge, 29 de juny del 2014

ESTA VEZ, UNA DE TIRAR CORCHOS...

Mi amigo coleccionista, que como yo ya tiene una edad, es abuelo. No hay nada tan conmovedor como que un nieto empiece a “interesarse”  por las armas (de aire comprimido, en este caso) que uno colecciona con cariño. Ante tal interés, mi amigo no pudo resistir la tentación de regalarle al nietecito una “escopeta de corchos”... Pero como amante de los fierros añejos, no podía comprarle un “arma” de plástico de las que se encuentran en cualquier parada de juguetes en cualquier feria. Como había adquirido, tiempo ha,  una Haenel X que precisamente posee las características idóneas para un mozo de corta edad, decidió obsequiársela... Pero estaba en tan mal estado que resultaba imposible si quería quedar como un abuelo-abuelo...

Y decidió acercarse a mi cuchitril con el fierro para ver si se lo adecentaba...


Tenía mal aspecto, le faltaba el guardamonte y no expulsaba los tapones por falta de fuerza...


El día que me la trajo, hablamos largo y tendido  y acordamos que se  la pondría en funcionamiento y que me cuidaría de que se la cromaran pues estaba dispuesto a gastarse un dinerillo para el nieto querido,  pero deseaba que quedara “como nueva”.
Le advertí que a diferencia de tiempo atrás, ahora dispongo de pocas horas para la afición y que la restauración sería lenta, que no esperara rapidez, pues lo haría “a ratos” y cuando pudiera. Dijo que de acuerdo, pues el nieto era muy pequeño aún y casi mejor que creciera algo...
Cuando examiné el juguete me di cuenta que había sido hecho para no desmontarlo “completamente” nunca más, pues la báscula iba fijada a la culata por unos remaches. Si quería cromar las piezas metálicas tenía que desmontar todo y por lo tanto no había más remedio que intervenir invasivamente y a fondo.
Mediante taladro, comí una parte de los remaches y los saqué:


Y en un rato, tenía ante mi mesa un montón de “chatarra”:


Estas piezas cubiertas de robín las limpié a base de sumergirlas unas horas en un desoxidante comercial que se adquiere en la ferretería. Luego las piezas exteriores las llevé a una empresa que se dedican a cromar (especialmente piezas para restauración, que si bien lo trabajan con mimo, son muy caros -lo comprobé, tarde, al retirarlas-).
En cuanto a la culata, que no estaba en muy mal estado, bastó con una lijada a conciencia para no perder la inscripción de la fecha de fabricación (supongo): un día de octubre del año 31, nada más y nada menos...



A continuación una buena capa de barniz para parquet (para que resista los maltratos del enano) y una pasada de estropajo verde para matarle el brillo excesivo que no me gustaba del todo.


Tras unos quince días de espera, pude retirar las piezas del taller de cromado.


Olvidé decir que para sustituir los remaches destrozados al desmontar, fabriqué unos pasadores con tornillo en un extremo que se aprieta mediante una “llave especial” (de fabricación casera a partir  de unos pedazos de sierra para metales) para que no sea fácil desmontar. Poniendo algo de fijador en las roscar podemos decir que tenemos algo casi tan “definitivo”  como un remache, pero que en un momento dado se puede retirar. En cuanto al guardamonte, fue simplemente cortar una tira de chapa adecuada y formarle los anclajes según pedían los puntos de fijación.



Volver a montar fue tan fácil o tan difícil como recordar los pasos dados para desmontar hacía unas semanas y desandarlos. De hecho, son una serie de tubos uno dentro de otro que se aguantan sólo por su buen diseño, sin tornillo de ninguna clase.


Solo cambié una serie de arandelas (3) de cuero que hacían la función de puerto de transferencia por una pieza de poliuretano que mecanicé en el torno que propició que quedara todo mejor fijado, pues el cuero reseco por los años entraba algo suelto y ni bañándolo en aceite daba garantías.


El resto, sin problemas fue quedando en su lugar y los pasadores con tornillo de remate originales (como los que me fabriqué para sustituir los remaches, pero con ranura de destornillador plano normal) lo fijaron todo.




De manera, que el juguete se quiebra para montar, cual escopeta para cartuchos de caza de un cañón:


Y para recreo de la vista y hacerse una opinión de lo contento que va a ponerse el chaval, ahí una cuantas fotos:





















diumenge, 6 d’abril del 2014

ATASCO EN ANSCHUTZ 275

Ha llegado a mis manos una carabina Anschutz modelo 275 que es casi lo mismo que la Haenel 310.




Es un arma que imita un fusil militar (hasta cierto punto), es de cañón fijo y para montar tiene una especie de cerrojo que sirve para comprimir el muelle. Si no estuviera colocado tan adelantado daría mucho más la sensación de fusil militar, pero claro la colocación es obligada por el muelle. Los proyectiles, únicamente esféricos, son suministrados por un diminuto cargador que posee en la parte inferior y deben ser de calibre 4.4 mm. tal como advierte una inscripción. Es una munición rara en nuestro país y parece ser que se consigue sólo en Alemania.


La avería que presenta es que monta normalmente, pero no admite el proyectil que tiene a punto en el mini-cargador y en cuanto lo disparas produce un sonido sordo a modo de ploff que parece indicar un atoramiento de bola/s en el cañón… Le pregunto a su propietario si usa munición de 4.4 mm., como es preceptivo en este arma, en lugar de la más corriente de 4.5 y me contesta que naturalmente que si.

Para solventar el contratiempo procedo a desmontar las tripas del riflito y de paso hago una serie de fotos para que puedan servir de orientación a alguien con un arma parecida.

Lo primero, es quitar el diminuto cargador que va sujeto por una palanca y a continuación hay que desenroscar los tres tornillos que posee en su parte inferior.




Tras esto, nos quedamos con la culata separada del cuerpo metálico.


A continuación con un botador  de tamaño adecuado procedo a retirar el pasador elástico de la parte más adelantada y que sujeta a la carcasa la parte no móvil del conjunto muelle-sello-tubo insuflador. Así queda suelto el conjunto, pero para extraerlo hay que quitar la palanca cerrojo que lo atraviesa y lógicamente el tapón posterior. Y para comodidad también el disparador…


Luego procedo a remover el pasador de la palanca-cerrojo y a continuación el segundo  pasador elástico que fija el tapón trasero que contiene la palanca del seguro. No es necesario seguir este orden a la hora de quitar los tres pasadores, pero hasta que se sueltan los tres no podemos despiezar las entrañas del arma.



A continuación con un botador más fino quito el pasador que fija el disparador.


Con todas las piezas retiradas podemos proceder a extraer el conjunto interno que contiene el muelle a poca presión, el sello y el tubo que además de ser el encargado de arrastrar el proyectil desde el cargador al cañón, sopla el aire detrás de éste para que eche a andar.


En este punto ya estoy en disposición de escrutar el cañón y como no se ve ni pizca de luz a su través, con una varilla de latón y empujando desde la boca de fuego consigo que salgan los tres magníficos balines esféricos que se aprecian en la foto.


Para salir de dudas, mediante un Palmer procedo a calibrarlos. Y uno me da un valor de 4.39 mm., otro 4.38 y el tercero 4.42. ¡Tate! Ya lo tengo… Este es el culpable del atoramiento. Pero en seguida me asoma la extrañeza de que la fuerza (aun que escasa) del arma no haya podido empujar el proyectil por esas dos centésimas de exceso que posee… Y a continuación a modo de prueba, acerco a las bolas un imán que tengo a mano en el taller y ¡oh, sorpresa! Los esféricos proyectiles se quedan prendidos al elemento magnético.

O sea, que el propietario, si que usaba munición subcalibrada, de 4.4, pero al ser de acero y no de plomo, la mínima desigualdad, por exceso, en el diámetro, provoca inexorablemente el atasco porque el acero no se amolda nada con la poca presión que ejerce el sistema de empuje de este arma.

Bueno, hasta aquí los pasos sencillos para llegar a desentrañar el misterio del atoramiento, pero ahora hay que re-montar todo para que siga siendo un arma curiosa plenamente operativa.

En primer lugar, de una tabla de madera de 9 mm. de grosor, corto un pedazo de 80x24 milímetros.


Fijando el tope central en el tornillo de banco y empujando con fuerza comprimiendo el muelle, introduzco la tabla dentro del espacio por el que discurre la palanca de carga-cerrojo.


Procurando que la madera quede centrada es posible introducir el conjunto dentro de la cámara de potencia sin demasiados problemas y como se mantiene el muelle comprimido, no es complicado insertar el pasador elástico delantero que sujeta la parte no móvil del conjunto.




A continuación habría que reposicionar la palanca-cerrojo, pero como su espacio está ocupado por la pieza de madera que mantiene el muelle comprimido, debemos buscar una manera alternativa de mantenerlo así, pero pudiendo retirar el taco de madera.
La forma que se me ocurrió es acabar de comprimir a tope el resorte y hacer que el disparador enganche (montar el arma, vamos) para lo que necesitamos tener el gatillo en su lugar.

Procedemos, por lo tanto a recolocar el conjunto gatillo y fijarlo con su correspondiente pasador, que con algo de habilidad, es relativamente fácil.


Lo siguiente si que tiene su intríngulis…: Montar el arma sin la palanca-cerrojo.

Dependerá de los medios a nuestro alcance. En mi caso, que poseo un tallercito relativamente equipado para el mantenimiento de maquinaria, he podido usar unos alicates de los de extraer anillos de presión exteriores. O sea una herramienta que al apretar los mangos, sus puntas se abren en lugar de cerrarse como en unos alicate de punta corrientes.


Como se que no todo el mundo tendrá a mano una herramienta de este tipo, he comprobado que también se puede montar apoyando la madera, previamente algo ladeada, en el canto de una mesa y… ¡Mucho cuidado!

Tal que así:



Una vez el arma montada, hay que proceder con precaución de no tocar el gatillo pues no tenemos seguro ninguno. Y procederemos a instalar la palanca-cerrojo en el hueco que ha dejado libre la madera.

Como dentro de la palanca va una pieza empujada por un muelle es complicado alinearlo todo e introducir el  pasador. El sistema que he usado consiste en fabricarse un falso pasado más corto que el original (10 milímetros, que equivalen al grosor de la palanca), y del mismo diámetro que el original (7 milímetros). Reconozco que puede no ser fácil encontrar una varilla de 7 mm. para cortar un trozo…

En la foto, es lo que señalo con la flecha roja.


Así, con la palanca y su dado macizo interior empujado por un resorte, fijados con el pasador provisional, lo introducimos todo en su sitio, lo alineamos con los agujeros de las orejetas y empezamos a introducir el pasador original, mientras, al mismo tiempo, se va retirando el de 10 milímetros, hasta que cae y el otro se queda perfectamente colocado.


A partir de aquí, ya solo nos queda colocar el tapón-seguro con su pasador elástico. Hay que poner atención que la palanca del seguro quede hacia arriba para que actúe correctamente, pues si quedara en la orientación contraria, además de no actuar como seguro, nos impediría volver a montar el hierro en la culata. Cosa que haremos a continuación sin mayores problemas tras apretar los tres tornillos que hemos sacado en primer lugar.



Esto es todo. Espero que ayude a alguien…

dimarts, 18 de juny del 2013

GIFFARD CARBONA calibre 4.5







Entre los años 1825 y 1882 vivió Henri Giffard, un ingeniero e inventor francés que trabajó en la investigación con aerostatos y por consiguiente con gases a presión y licuados. Su hermano Paul (1837-1897) que participaba en sus investigaciones fue el que en 1872 patentó en Gran Bretaña un fusil de aire pre-comprimido con un depósito cilíndrico debajo del cañón que se vaciaba de un solo disparo. La necesidad de rellenar a base de bomba manual cada vez, hizo que no triunfara. 

Conocedor de las propiedades del Co2 licuado a presión, rediseña el arma para poder emplearlo. Esta versión fue patentada en 1878. Con la percusión del martillo se abre la válvula del depósito y sale sólo una porción del gas y de esta forma se consiguen gran cantidad de tiros, según potencia (fácilmente regulable) usada, de una sola carga. 


Según los catálogos de Manufrance, en las de calibre 8 liso (escopeta), una carga proporcionaba unos cien tiros que en las carabinas del mismo calibre podían ser unos 125 disparos por depósito; mientras que en las de 6 milímetros llegaban a los 300 y con el diminuto 4.5 se conseguían 800!!! 

Las armas venían con dos depósitos que se mandaban a cargar a la casa y esta mantuvo el servicio hasta 1939. 

La comercialización corre a cargo de diversas empresas de Francia: Société Stéphanoise d'Armes, que la cede a Compagnie des Forges et Aciéres de la Marine et des Chemins de Fer, a partir de 1885 y entre 1892 y 1914 la Manufacture Française d'Armes et Cycles de Saint Etienne (recién nacida en 1885), con el nombre de Carbona.

Se fabricaron en principio carabinas en calibres 6 y 8 milímetros con cañón rayado para tirar bolas y de 8 milímetros con cañón liso para tirar perdigones contenidos dentro de un cartuchito de papel. Posteriormente se hicieron también en calibre 4.5 (que realmente son del 4.6, según comprobaciones propias). A parte de por la falta de estriado en el cañón, las escopetas se distinguen por el orificio de carga que en vez de ser redondo es rectangular.

Paralelamente se fabricaron también unas magníficas pistolas con cañón estriado y de los calibres citados, pero supongo que en menor cantidad, pues es raro verlas en venta y son más caras que las carabinas. Sólo he tenido un ejemplar del calibre 6 mm. en mis manos, mientras que los rifles han sido varios.

Estas armas sustituyeron ventajosamente a las de sistema Flobert en tiro de entretenimiento por su poco ruido, casi nula necesidad de limpieza, sin humo para poder tirar en interiores e incluso para incursionar en la caza menor.

Como dije, al principio sólo se fabricaban en calibres 6 y 8 milímetros y tenían el nombre de “Carabines de précision Giffard a gaz liquéfié”. Esta es la página del catálogo de 1905 de Manufrance:


En el catálogo de 1910, ya se denominarán “Carbona” y aparece además de los calibres citados el de 4.5 milímetros. No se en que año exactamente se empezaron a fabricar en calibre 4.5, pero tiene que ser entre 1905 y 1910. Además, en este último año se ofrecía un amplio abanico de terminaciones en culatas, grabados y terminaciones del metal, tal como se puede apreciar en las páginas 144 y 145 del catálogo:


Teniendo presentes estos datos y que dejaron de venderse en 1914, parece ser que las Carbona en calibre 4.5 no tuvieron muchos años de vida y por lo tanto abundan menos que sus hermanas de calibre mayor.

Pues de una de estas soy feliz poseedor...



Tiene algunas diferencias con las de fabricación anterior como la contera de la culata que en esta lleva grabadas simplemente unas rayas, mientras que en las otras que he visto llevaban grabado un globo y la frase “Paul Giffard inventeur”. La leyenda estampada en el cañón del fabricante (Manufrance) está hecha por percusión, mientras que en las más antiguas, era de letras doradas incrustadas. La manija del obturador-cerrojo, es diferente y por descontado que sobre la báscula no lleva estampado el globo característico de las más viejas y en su lugar hay la marca de la fábrica de armas y bicicletas de Saint Etienne.
















Poseo dos depósitos, que cada uno presenta las características de fabricación de una de las dos industrias Societé Stephanoise (globo aerostático) y Manufrance (cañones y flecha cruzados).

Cuando recibí el arma, a pesar de estar en un estado bastante bueno, no funcionaba. Bueno, me fui enterando de que no funcionaba a medida que iba probando... Tenía algunas faltantes que no influían, como el punto de mira y una retención en el alza, pero para probar necesitaba cargar algún depósito de co2.

Como ya me había sucedido con todas las anteriores, intentar llenar los depósitos desde un extintor mediante una conexión fabricada ex-profeso fue imposible porque la junta original que es de una especie de caucho muy primitivo, con el tiempo se queda duro como una piedra y no sella, cuando no se raja, como sucedió en uno de los depósitos que poseo.

Armado de una herramienta rudimentaria que me hice cuando arreglé la primera Giffard que llegó a mis manos: 

Procedí a desarmar los depósitos, a base de algo de fuerza y otro tanto de maña (y la ayuda de un decapador de pinturas para darle un poco de temperatura), fijando en el tornillo de banco con las mordazas protegidas el cuerpo de los depósitos y con la herramienta apretada a conciencia sobre el tapón, desenroscando a izquierdas (sentido normal de rosca).

Lo que sale del interior del depósito es simple y robusto. Pocas piezas y bien diseñadas para conseguir un paso fácil del Co2 ante la percusión del martillo del arma.

Como dije antes, los sellos originales marcados, resecos e incluso rajados, lógicamente no obturaban decentemente el gas. Al lado se pueden ver los recambios fabricados a torno a partir de una barra de elastómero de poliuretano que me ha demostrado que funciona a la perfección.

Para el reensamblaje con garantías de estanqueidad procedí a la aplicación de un sellante hidráulico común, reapretar y tras un corto tiempo de espera, ya pude llenar de Co2. 

Una vez lograda la estanqueidad, fue hora de probar. Con un depósito enroscado, montar el percutor, oprimir el gatillo y Clinc... No salió ni pizca de gas.

Esto fue un golpe desmoralizador terrible que hizo que abandonara por un tiempo la intentona de poner en marcha la histórica.

Tengo que aclarar aquí que el presente relato no refleja un proceso continuo y que abarca muchos meses con sus interrupciones y ahora lo redacto ante las fotos que he ido tomando en épocas diferentes, de ahí su poca uniformidad.

Curtido por la experiencia en otras armas del mismo tipo, decidí ponerme a trabajar de nuevo para ponerla en funcionamiento desmontando todo y revisando posibles desgastes u otras irregularidades. Efectivamente, el rodillo que trabaja en el extremo del muelle real y su eje presentaban evidentes señales de desgaste. Procedí a fabricarlos de nuevo. Como eje usé un pedazo de varilla de lo que se compra en la ferretería como acero-plata y el rodillo lo torneé de forma que quedara algo más grande que el original por lo de compensar el desgaste. Quedó tal que así:

Tras montar todo de nuevo vino la aprueba que fue ligeramente alentadora, pero no convincente del todo. Lograba escupir muy poco gas, le faltaba contundencia en la percusión... Ni siquiera probé con proyectil, por si acaso.

Acto seguido fue cuestión de desarmar todo de nuevo y calzar el muelle real para compensar la previsible falta de fuerza de este. La peculiar hechura y posición del muelle real propició que la mejor forma de sujetar el calzo fuera hacerlo en forma de arandela que puesta frente al agujero del tornillo que fija el hierro a la culata y rodeando este, queda inamovible por los siglos de los siglos...


Puesto que el arma ya tiraba (penosamente porque tenía un defecto en el obturador-cerrojo que luego describiré) y tiraba con más potencia de la que imaginé, pensé que tenía que arreglar los elementos de puntería que tenía mal y desaparecidos. Lo que es el alza, estaba en buen estado pero le faltaba una mini-contratuerca que hacía que cuando se intentaba mover lateralmente se salía el tornillo en vez de moverse la lámina de mira. Fue cuestión de mecanizar una rosca en una pieza redonda y una vez enroscada en su sitio, remachar un poco el tornillo para que no se pudiera salir. No se si es como la de origen, pero queda bien y funciona: 

A continuación le tocó el turno al punto de mira que estaba desaparecido.

Tenía una idea de cómo era porque había ya visto algunas Giffard, pero rastreé la red en busca de una imagen aclaradora con resultados no muy buenos y al final pedí al amigo y coleccionista Joan que me dejara la suya para tomarle unas fotos que me orientaran definitivamente.

La pieza no es fácil pero tampoco imposible. Hice una aproximación a lo que tenía que ser con herramientas mecánicas, pero tuve que acabarla a lima, como es de suponer…

Y la verdad es que estoy satisfecho del resultado obtenido:


Así quedó el aspecto de la carabina bastante decente y cumplía su cometido relativamente bien. Pero, tenía un pero… A cada tiro me llegaba a la cara un soplido de co2 la mar de desagradable.


Observando el cerrojo-obturador se ve lo que le pasaba: Alguien, no se por que motivo, decidió rebajar el diámetro de la parte cónica, pero lo hizo (bastante bien) ¡¡¡A LIMA!!!

Se puede ver por el desgaste, que la pieza tocaba sólo en las aristas y los planos rebajados no obturaban bien. Pero es que además el reborde que se aprecia en la parte superior de la imagen, que apoya en un nervio dispuesto en el arma a propósito, no lograba que el cono ajustara en su asiento. En esta foto se aprecia el “remiendo” que le hice para salir del paso: En el citado reborde, a base de martillo, remaché un poco para que “creciera” y empujara hacia el interior del cono del arma todo lo posible y la pérdida no fuera tan grande.

Si bien no se lograba que obturara perfectamente, ya se podía tirar bastante bien.

Esta fue la chapuza temporal que durante mucho tiempo funcionó. Probando la conciencia del arma me quedé asombrado que un invento del siglo diecinueve fuera capaz de lanzar una bola de plomo del 4.5 a bastante más de 200 metros por segundo.

Hay que tener en cuenta que el cañón necesitaría bolas de 4.6, inalcanzables para mí por ahora al menos, y que las del 4.5 de Norica pasan muy “ligeras” y quizás por esto se logran velocidades tan altas. El cañón es muy largo y también ayuda a aprovechar el generoso chorro de gas que expulsa a cada disparo.

He tenido el arma durante muchos meses (algunos años) así y la verdad es que para tirar unos tiros de vez en cuando y dejar prendados a los amigos cuando les mostraba que un arma de más de un siglo tiraba así, pero me había quedado una cuenta pendiente… Arreglar definitivamente esta pérdida de gas.

Lo había sopesado varias veces pero no me decidía. Pero al fin un día me lié la manta a la cabeza y empecé con las mediciones y los cálculos que me dieron una cifra de conicidad de la pieza a fabricar, que teóricamente estaba bien, pero ponerlo en práctica no era fácil. El torno que tengo no discrimina décimas de grado a la hora de inclinar la torreta para mecanizar un cono e impepinablemente, tuve que andar haciendo pruebas.

Sobre un retal de aluminio mecanicé un cono aproximado a lo necesario y tanteé que tal encajaba. Con el arma desarmada, probaba que tal asentaba y a continuación corregía el ángulo en la torreta. Mecanizaba de nuevo sobre la misma pieza, acortándola, y vuelta a probar... Si me había pasado, corrección a la inversa, pero menor. Y así hasta dar con la conicidad exacta necesaria para que la pieza no “bailara” nada.


Una vez que logré la exactitud requerida, sin mover la torreta procedí a mecanizar la pieza definitiva en acero. De la prueba de aluminio, pude deducir las medidas de largo que necesitaba pues sobre la pieza original que estaba manipulada, resultaba difícil. Y la suerte hizo que al primer intento me saliera la pieza definitiva. Así quedó saliendo del torno:

Pero esto solo era el principio. Luego quedaba el conformado del nervio posterior (a lima, pues no dispongo de máquinas sofisticadas) y el ajuste final, el roscado interior y el del asentamiento de la manija...


El ajuste hay que hacerlo de a poco, con cuidado y probando como asienta a cada mínimo retoque. Es un ejercicio de meticulosidad primorosa si se esperan resultados buenos. Y esta vez, tuve suerte, quedó muy satisfactorio al primer intento. No les cuento las veces que en trabajos parecidos he tenido que empezar de nuevo por un mínimo desliz...

Una vez conformada la pieza, se me presentó una dificultad apreciable. Había que practicar los agujeros para la carga del proyectil y el del paso de gas en el momento del disparo. El primero fue tan fácil como armar todo y con el cerrojo en posición de abierto, marcar con una punta el contorno, practicar un granetazo centrado y taladrar progresivamente con brocas de diámetro creciente hasta conseguir el agujero requerido. El paso del gas fue más complejo de marcar. Queda fuera de la vista y el largo canal por el que discurre desde el depósito hasta esta pieza obturador-cerrojo, hizo que ni fabricándome una aguja curvada ex-profeso lograra poder marcar fiablemente dónde había que agujerear.

En ocasiones como esta es cuando el cerebro se pone a trabajar a marchas forzadas y se ocurren ideas impensadas. Y la solución vino del hecho de poseer un pavonador en frío... Puse el cerrojo en posición de cerrado (tal como debe recibir el envite del Co2) y vertí unas gotas de pavonador por el canal. Esperando unos minutos conseguí dos cosas: Que se quedara perfectamente marcado dónde encaja el conducto del gas y, no menos importante, que el sellado era bueno, pues no se derramó ni gota del líquido hasta que lo vertí expresamente en el sentido inverso que lo había puesto...


Una vez marcada la posición, el practicar el agujero fue tarea fácil. Cuestión de veteranía ya fue el dar a la pieza un acabado que no desentonara demasiado con el estado general de la carabina.

Había que imitar un pavonado antiguo, deslustrado y procedí del siguiente modo: Con el decapador de pintura le di temperatura a la pieza hasta que comenzó a tomar un color dorado (sin llegar a que azuleara) y lo introduje dentro del bote de pavón en frío D-9 que uso habitualmente. Unos minutos después lo saqué y aceité. Bien seco con trapo y soplo de aire comprimido y a continuación retoque con el disco de pulir de trapo, para desgastar el pavonado hasta conseguir un tono que consideré adecuado. Es más fácil hacerlo que explicarlo...


Y una vez terminado y montado, queda tal que así:

Recámara abierta

Recámara cerrada


Si no les hubiera contado el proceso, probablemente que no se enterarían de que la pieza no es la original... Como soy bastante maniático, me guardaré al lado de la carabina y el depósito de repuesto, la pieza antigua (que por cierto, nadie me ha asegurado que sea la original, puede que alguien la hiciera e intentara ajustar el cono a mano, cosa dificilísima de ejecutar bien), pero de todos modos, como forma parte de la historia del arma, no merece ser tirada a la basura del olvido. Sentimental que es uno.

Cuando consiga munición de 4.6 milímetros habrá que probar la precisión...